Carlos Arturo Baños Lemoine.
Debido a su naturaleza irracional, el feminismo incurre frecuentemente en desvaríos, al grado de violar hasta lo más elemental de la Lógica y hasta del sentido común. Y de nuevo no referiremos al Caso Cuauhtémoc Blanco.
Durante y después de la votación del pasado martes 25 de marzo, votación que finalmente benefició al ex futbolista y ex gobernador, observamos patéticas escenas que pintan de cuerpo completo a la mitología feminista.
Y podemos comprender la frustración de las feministas al constatar que las cosas no han fluido con base en sus caprichos totalitarios, pero ni esto justifica incurrir en histerias o fanatismos que atenten contra el sentido común, la Lógica, la Ciencia y las bases mismas del Derecho Penal Moderno.
Desde las intervenciones estridentes en tribuna por parte de algunas diputadas hasta las más marginales intervenciones radiofónicas, las feministas dicen ser respetuosas de la presunción de inocencia, uno de los pilares básicos del Derecho Penal Moderno; principio según el cual toda persona debe ser considerada inocente en tanto no se demuestre lo contrario mediante pruebas fehacientes, contundentes, firmes e irrefutables. Sin prueba no puede haber condena.
Queda claro que el Derecho Penal Moderno incorporó este principio porque este Derecho se sustenta en una visión científica de las cosas, a diferencia del Derecho Medieval que llegó a abusar de los llamados “juicios de ordalías” y de la tortura inquisitorial para asignar culpas o inocencias a los procesados. Y, por lo visto, las feministas desean regresar a esos tiempos oscuros. Por esto es que yo afirmo constantemente que el feminismo es una ideología retrógrada: el feminismo es enemigo de la Modernidad.
Y el irracionalismo feminista ha llegado a tal grado que incluso le basta una sólo frase para incurrir en severa contradicción. Y allí tenemos, por ejemplo, a la feminista Diputada Federal Ivonne Ortega, de Movimiento Ciudadano, quien dice respetar la “presunción de inocencia de Cuauhtémoc Blanco” al tiempo que se refiere a éste como “un violentador”. Y atención: la señora Ivonne Ortega es abogada de profesión.
“No prejuzgamos al violentador” dicen muchas feministas al referirse a Cuauhtémoc Blanco, sin querer darse cuenta o sin percatarse de plano de que esa sola frase es ya, en sí misma, una abierta y evidente contradicción: dicen que “no prejuzgan” al tiempo que lo califican condenatoriamente. Y algunas incluso se refieren a él como “violador”.
Como sociedad ¿de veras queremos que el irracionalismo feminista siga contaminando a nuestro de por sí defectuoso sistema de justicia?
Ojalá entendamos pronto que el feminismo es enemigo de la Lógica y de la Ciencia.
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