Carlos Arturo Baños Lemoine.
Dejamos atrás el mes de junio que, por disposición oficial y por presión del lobby LGBT+, es el mes de la “diversidad sexual” que, entre otras cosas, sirve para que se acentúe por todos lados el adoctrinamiento en “ideología de género”.
Y hoy me vengo enterando de que, recientemente, el profesor español Jesús Luis Barrón López fue suspendido del colegio público donde enseña Biología sólo por decir la verdad, o sea, por sostener que sólo existen dos géneros: femenino y masculino.
Dicho sea de paso, no es la primera vez que se hostiga, persigue, presiona o despide a un maestro por eso. Casos ya hay muchos, dentro y fuera de España. Yo mismo he pasado y sigo pasando por lo mismo en México. Una consecuencia más del fascismo cultural que ejerce la “ideología de género”, gracias al apoyo de partidos políticos, parlamentarios, gobernantes, universidades, medios masivos de comunicación, ONGs, etc.
Cada quien es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera y también es libre de relacionarse sexualmente con quien se le pegue la gana, cuando de adultos se trata. Nadie debe ser maltratado por esto. Pero de esto a imponer, con la fuerza y el presupuesto del Estado, una dictadura ideológica (cual es el caso de la “ideología de género”) hay un largo y sinuoso camino.
Y por supuesto que debe molestarnos el hecho de que, en aras de la “diversidad sexual” y del “respeto a la diferencia”, incluso se perviertan y se contaminen conceptos elementales para la vida en sociedad y para la práctica misma de la ciencia, cual es el caso del concepto “género”.
“Género” viene del latín genus-generis, y desde la ciencia biológica siempre ha hecho referencia a un fenómeno claro y bien identificado de la realidad, de la naturaleza: el fenómeno de la reproducción de las especies, de la procreación, de la generación de la prole, de la prolongación de la estirpe, de la obtención de la descendencia…
De genus-generis derivan las palabras gen, genitales, generación, genética, unigénito, primogénito, congénito, congénere, degenerado, etc. Y por supuesto que, hablando de los seres humanos, el acto procreativo da inicio cuando se juntan los gametos femeninos (óvulos) con los gametos masculinos (espermatozoides) a través de prácticas coitales o de procesos laboratorísticos.
Por ello, y atendiendo científicamente al fenómeno procreativo, al fenómeno reproductivo, al cual hace referencia el término genus-generis, sólo existen dos géneros: femenino y masculino. ¡Punto!
En este sentido, la conexión del concepto “género” con la realidad reproductiva resulta evidente, directa, inmediata, universal, repetible y empírica-racionalmente demostrable. Se trata, pues, de una realidad bien comprendida por y para la ciencia.
Quizá el futuro pueda sorprendernos. Así puede pasar si la clonación sigue avanzando. Pero hasta ahora, por siglos y tratándose de nuestra especie, la actividad reproductiva ha requerido de la necesaria confluencia de gametos femeninos (óvulos), producidos por las hembras de la especie, y de gametos masculinos (espermatozoides), producidos por los machos de la especie.
¡Ah, pero llegó la monserga irracional, ocurrente y caprichosa de la “ideología de género”, con toda su carga de pseudo-ciencia, intentando echarnos a perder el preclaro concepto de “género”!
De un tiempo para acá, el fascismo cultural de la “ideología de género” nos ha salido con que “género” se refiere a la asignación impositiva de roles sociales a partir de las diferencias sexuales dentro de un sistema que resulta opresivo para las mujeres y los no-heterosexuales.
Siguiendo la vieja receta del situacionismo francés, la “ideología de género” ha ejercido le détournement, a objeto de despedazar, destruir o contaminar conceptos o ideas sólidas para tratar de imponer “nuevos conceptos” que, por supuesto, son vulgar ideología, son despreciable pseudo-ciencia.
Así, pues, pasamos del concepto científico de “género” a esa porquería mental que hoy quieren imponernos los partidarios de la “ideología de género”. Y lo están haciendo en grados grotescos y totalitarios, de tal suerte que los conceptos científicos, sustentados en criterios objetivos, están cediendo su sitio a ideas aberrantes de carácter político con buena carga de subjetividad dogmática e inquisitorial.
Lo que le está sucediendo al profesor español Jesús Luis Barrón López resulta vergonzoso para el auténtico espíritu científico de Occidente. ¡Una vergüenza para España y para el mundo entero!
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